El estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela ha sido a lo largo de la historia la principal casa de la Vinotinto. Hasta los años 80, la selección nacional había disputado allí sus partidos de la eliminatoria, y fue en ese escenario donde Venezuela consiguió su primer triunfo premundialista al vencer 1-0 a Bolivia con el cabezazo inolvidable de Pedro Acosta en 1981. Después, con el crecimiento del fútbol en el interior del país, la construcción de nuevos escenarios que dejó la Copa América 2007, la selección se mudó adonde la Federación Venezolana de Fútbol consiguiera más beneficios.
Caracas no era negocio para la FVF de Rafael Esquivel, porque no había un gobernador que pagara los pasajes de los jugadores, el hospedaje y hasta los premios; un alcalde que exonerará los boletos de impuestos, y una afición complaciente con los manejos turbios de su gestión. La barra del Caracas FC le dedicaba canciones irreverentes al presidente de la FVF, y por ello prefería que la Vinotinto jugará en cualquier escenario del país, menos en la capital. “¡A Caracas, ni agua!”, llegó a proclamar Esquivel en un arrebato de furia contra la ciudad.
Los seleccionadores que intentaron trabajar en Caracas, tampoco recibieron el apoyo de la FVF. Rafa Santana tenía que pelearse con todo el mundo para entrenar en el Brígido Iriarte, y el argentino José Pastoriza realizó entrenamientos en el entonces polvoroso y hoy arruinado campo de fútbol de la Facultad de Ciencias de la UCV, en ruta a la preparación para la Copa América.
El portugués José Peseiro también quiere hacer de Caracas su fortín, porque la ciudad ofrece todas las ventajas posibles en medio de la pandemia. Los jugadores, que deben recorrer medio mundo, para llegar a las convocatorias se evitan un viaje extra hacia otra ciudad del país, como ocurrió en el duelo ante Paraguay, en el estadio de Mérida. También tiene a mano los servicios sanitario del Instituto de Higiene de la UCV para realizar los exámenes de PCR a toda la plantilla y conocer a tiempo los resultados.
Pero siempre hay algo que conspira contra los planes de la Vinotinto. Esta vez, fue la rectora de la UCV. Cecilia García Arocha, quien se negó a prestar el estadio para la última sesión del módulo de entrenamiento programado por el seleccionador lusitano. Todo estaba listo para que Peseiro realizará su práctica el domingo 7 de marzo, pero a última hora la rectora informó que no podía prestar la cancha, debido a la pandemia; pese a que la FVF había tomado todas las medidas de bioseguridad. Razón tiene el técnico en expresar su molestia. Si no se puede vencer a la sombras ni en la máxima casa de estudios del país, resulta una vana ilusión alcanzar el objetivo de clasificar al mundial




