A nadie puede sorprender la decisión del Oswaldo Vizcarrondo de pasar la página de los antiguos referentes de la Vinotinto e iniciar otro proceso en limpio con jugadores que aportan nueva vitalidad al equipo, tienen deseos de trascender y conseguir la hazaña que no pudieron ninguno de sus antecesores: clasificar a una Copa Mundial de la FIFA.
Todos los futbolistas que han vestido y sudado la camiseta nacional merecen respecto por lo poco o mucho que aportaron en el terreno. Sin embargo, ninguno es imprescindible, ni siquiera el gran Salomón Rondón con todo el peso histórico que representa en el terreno como máximo artillero de la Vinotinto.
Vizcarrondo hace bien en armar una plantilla a su justa medida, con futbolistas que responden al modelo de juego que quiere implementar y que defiendan a muerte la idea que le transmite su entrenador. La experiencia de procesos anteriores también le dan la razón al antiguo “Patrón” de la zaga.
Cuando Richard Páez tomó el control de la Vinotinto lo primero que hizo fue dotarla de efectivos que respondieran a su zigzag de tener el balón, avanzar en conjunto, triangular, tocar hacia adelante para luego retroceder y meter esos pases al espacio con Gabriel Urdaneta y Ricardo David de lanzadores para que Rubert Moran, Juan Arango y el resto de los lanceros de Páez liquidaran.
También César Farías hizo lo propio con su Vinotinto de dientes apretados, pases largos efectivos, líneas cerradas a cal y canto y pelotas detenidas para sacar máximo provecho a la zurda poderosa de Juan Arango. El DT cumanés renovó la selección con jugadores que se adaptaban a su estrategia de menos posesión, más intensidad defensiva y mayor efectividad en los contados ataques.
El símbolo de esta nueva etapa la encarnó Tomás Rincón, un mediocampista central con más recorrido, pulmones, músculos y pierna dura para cortar jugadas; completamente opuesto a los volantes tiempistas, de guantes blancos, más hábiles para amasar la pelota y distribuirla que para triturar a los rivales que singularizó a la Vinotinto de Páez.
Es lógico, por tanto, que Vizcarrondo apueste en este nuevo proceso por los Gleyker Mendoza; Jesús Ramírez y Kevin Kesly en el ataque, el trío de artilleros que necesita tiempo, espacio y confianza para cumplir el trabajo de tomar la bandera de Salo Rondón y calzar sus botines. Los resultados, como siempre, dictarán sentencia sobre la elección de los jugadores y el fútbol progresivo del joven seleccionador nacional.
Tiempo de ensayar y ajustar piezas
La convocatoria de Vizcarrondo para los partidos amistosos ante Japón, Corea del Sur y Jordania es tan extensa que abre el margen de incluir nombres que en etapas más avanzada del proceso seguramente el técnico no se los permitiría.
Hay que entender que en esta primera fase lo que se busca es ampliar al máximo el trabajo de ensayo y error; probar las piezas que puedan encajar en el rompecabezas; analizar el rendimiento de las nuevas figuras disponibles en cada posición y aprovechar que no existe la presión de ganar puntos en los partidos en serio de la eliminatoria para que todos los convocados se alineen rápido a la propuesta de juego del seleccionador.
De allí que la presencia del arquero del Caracas, Frankarlos Benítez, que pasa por horas bajas en su rendimiento, o del defensa Yordan Osorio, que recién se recupera de las lesiones que lo han venido castigando, tienen cabida en este contexto de evaluación de los efectivos disponibles. Pero es de esperar que más adelante ya no habrá tiempo de contemplaciones ni de sobar la espalda a los futbolistas que no estén al tope de su rendimiento.
Vizcarrondo fue contratado para armar un equipo competitivo que supere los procesos más memorables de Páez y Farías. Para ello tiene que contar con los jugadores que más brillen. Debe tener claro que la FVF contrató a un DT no a un coach motivacional.
Tomás Rincón deja un ejemplo de lucha para llegar muy lejos con mucho coraje
Tengo que admitir que nunca fui un admirador embobado del fútbol brutalista, de hormigón armado, sin revestimientos ni adornos que acompañó a Tomás Rincón durante su prolífica carrera en el fútbol nacional e internacional. El hecho de que la selección de César Farías apostara por el músculo y la potencia en el mediocampo, cuando la tendencia era jugársela con volantes de vuelo poético no solo parecía un exabrupto, sino una ruptura inaceptable con el modelo de juego exitoso, establecido por Richard Páez.
Pero Rincón se impuso a todas las críticas y ahora que anunció su retiro hay que reconocer que su coraje para luchar cada balón en el terreno, a veces incurriendo en exceso que le costaron innecesarias tarjetas y algunas expulsiones, fue vital en la construcción del estilo de juego que sostuvo Farías durante su etapa como seleccionador de la Vinotinto.
Si Luis “Pajaro” Vera fue el cerebro que organizaba el juego, ordenaba al equipo y era la conciencia del equipo en el terreno en tiempos de Páez, el volante tachirense fue el alma y representó, como ningún otro jugador, el espíritu de cuerpo que Farías inculcó a la plantilla.
Pero más allá de la selección, el gran mérito de Rincón es haberse convertido en un ejemplo inagotable de lucha para imponer su estilo de juego áspero, rijoso, corajudo en el mediocentro en todos los clubes que militó. No es de extrañar, en consecuencia, que haya tenido tanto éxito en el Calcio, donde su empuje y determinación para cortar juego llegó a cotizarse tan alto que le valió una pasantía por la Juventus para convertirse en el único jugador formado en la Liga Futve en defender los colores de un equipo grande del fútbol europeo. Aplausos para un batallador.




