Camiseta 10 | Copas de abundancia

Con los años, el fútbol suramericano se ha ido solidificando. Y con sus muros de concreto armado ha ido haciendo fuertes en sus economías a las federaciones que lo forman. Por ahí anda Venezuela. La semana pasada seguimos los dos partidos decisivos del campeonato: Lara y Caracas por el tercer lugar, y La Guaira-Táchira por el premio mayor. Lo mejor de todo esto, a un lado de los resultados, ha sido el dinero que les llegará a los cuatros equipos, porque clasificados larenses y capitalinos a la etapa pre de la Copa Libertadores, y a la fase de grupos guaireños y andinos, verán sus arca llenarse de la pasta que la Confederación Suramericana, la madre de todos, llevará a sus portales. Son nuevos tiempos, distanciados a lo que se venían haciendo en el pasado más o menos reciente…

Y no estamos recordando la prehistoria, el período jurásico ni el pleistoceno medio; hablamos de los años 60, 70 y tal vez de los tempranos 80. Por aquellos días ir a la Libertadores era una obligación de desespero, un caos interior que no solo amenazaba los baúles de los equipos, sino que en algunos casos los hacía desaparecer. Era frecuente en semanas de Copa ver a los directivos de solicitar donaciones a los amigos y simpatizantes, y de lo más rocambolesco mirarlos por los bajos del estadio Olímpico pegar carreras procurando el fajo de billetes que había que entregarle a los árbitros: “Si no nos pagan ante de salir a la cancha suspendemos el partido, pasamos el informe a la Confederación y denlo por perdido”, era la frecuente amenaza de los jueces. ¡Aparecieron los reales, vamos a poder jugar!, era el grito de alborozo de los allegados…

Ya tales abrumadoras y pintorescas escenas no se ven, porque la Confederación puso cartas en el asunto. Ahora hay orden, responsabilidad, y especialmente, plata. Los equipos venezolanos, urgidos de ese recurso porque es casi la única fuente de ingresos, dan la vida por entrar en las copas. Cuatro a la Libertadores, otros cuatro a la Copa Suramericana (los que no pueden entrar a la otra, mas exigente) y pare usted de contar. En realidad son encuentros concebidos, particularmente la segunda nombrada, para venderlos por televisión y librar a muchos cuadros de la región. Pero, más allá del dinero a raudales aparecen aquellos equipos, la mayoría, sin acceso a las grandes bolsas. De más la mitad hacia abajo ven, entre el recelo y la nostalgia, clasificar a las copas a los de siempre, o casi siempre, abogando por un mañana mejor, y buscándole una explicación a los que consideran una injusticia. ¿Por qué pasan estas cosas? La respuesta la tiene un viejo decir del Perú: “Porque las cosas son así, porque así son las cosas”. Nos vemos por ahí.

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