Camiseta 10 | Perdidos en la selva de las derrotas

Beisbol, fútbol, voleibol de playa. Tres deportes, tres caídas estrepitosas y Tokio queda más allá de Marte, de Júpiter, de la estrella más lejana en la galaxia de lo imposible. Todo sucedió el pasado fin de semana, unos días que quedarán en el libro del país como páginas oscuras que nadie querrá volver a leer.

Todo comenzó en Puebla con la pelota, dominada como suele suceder de un tiempo a esta parte, por República Dominicana. Se jugaba la opción de asistir por primera vez a los Juegos Olímpicos, y esto parecía extraño en un deporte conceptuado como parte de la cultura nacional.

Las malas horas continuaron cuando muchachas y muchachos del voleibol de playa fueron batidos en Asunción del Paraguay y Santiago de Chile por los argentinos, y todo continuó, como el corolario de lo terrible, con el fútbol, liquidado en Brasilia por Perú…

Nos preguntamos ahora, y porque esta columna es preferentemente de fútbol, si es verdad que los progresos en Venezuela son evidentes. Porque hacemos una retrospectiva de las últimas ediciones de la Copa América y la marcha atrás es indiscutible. De actuaciones clamorosas, como la semifinalista de Argentina 2011, y las clasificaciones a segunda ronda en Estados Unidos 2016 y Brasil 2019, hasta llegar al desastre de Brasil 2021.

Ya la Vinotinto, y esto habrá que reconocerlo, no es aquella ante la que los puntos de los adversarios eran seguros; ahora hay confrontación, hay competencia así los resultados sean los mismos.

En Venezuela habrá que reunirse y, descarnadamente, sin dejar nada por decir en cárcel de palabras, soltar sobre la mesa los argumentos para ver si se continúa con este extravío o si habrá que emprender nuevas maneras de hacer. Se culpa a los jugadores y al técnico, pero habría que comenzar por las instituciones que históricamente han sido incapaces de evitar que los equipos venezolanos se pierdan en la selva de las derrotas…

Y, más allá de la Copa América y del Premundial, en el que la Vinotinto mira de lejos a los de arriba, habrá que comenzar a planificar para el 2026, el primer Mundial con 48 selecciones. Para entonces algunos de los jugadores de hoy ya no estarán, y habrá que sembrar para cultivar.

Por cierto: A Venezuela le faltaron, por la pandemia, algunos hombres de mucho peso en el equipo. Pero ¿habría diferencia real con aquellos que entraron en la cancha por ellos? No sabemos si es pesimismo o ser “nube negra”, como se dice entre los amigos a aquel que gusta de los malos presagios, pero quien escribe siente que quizá no se hubiera sentido significativamente el aporte de los ausentes en comparación con los que sí salieron a dar batalla.

Nos vemos por ahí.

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