El cubano Silvio García no hubiese tenido que esperar tanto tiempo para uniformarse como un legítimo pelotero de grandes ligas. Y no como uno más. Si no como el primer afrodescendiente en actuar en las ligas mayores.
En los días finales de 2020, MLB tomó la decisión de reconocer a las desaparecidas Ligas Negras con la misma jerarquía de las Grandes Ligas, incluidos a aquellos jugadores que se desempeñaron desde los años finales del decenio de los 30 y últimos de los 40, lapso en el que García era una de las estrellas más sobresaliente en los míticos circuitos. Con los años, la historia perdió cierto brillo y trascendencia dado el desarrollo de los acontecimientos.
Sin embargo, nunca su certeza. Cuando Branch Rickey, entonces dueño de los Dodgers de Brooklyn, se empeñó en romper la barrera que solo permitía a los blancos jugar en las ligas mayores, envió a los scouts de la organización a ir en busca del pelotero más idóneo para materializar el ambicioso proyecto.
Transcurrían los últimos años del decenio de los 40, y al escritorio de Rickey llegaron todos los informes habidos y por haber. Entre ellos por supuesto, el de Jackie Robinson, quien finalmente será el seleccionado. Sin embargo, el pelotero señalado por poseer las mejores herramientas era García, un campocorto, aunque muy bien podía desempeñarse en otras posiciones.
Solo que tenía un “defecto insalvable” que enseguida lo borró de la lista de aspirantes: no contaba con la madurez mental indispensable para soportar lo que se le vendría encima. Insultos de parte de los aficionados, y cuidado si de sus propios compañeros de equipo. Todos negados a ver a un “negro” en un terreno de la gran carpa.
“Silvio hubiese sido uno de los mejores bateadores en todas las grandes ligas”, dijo Tom Lasorda, que lanzó contra él en Cuba. Entretanto Leo Durocher, quien fue el tutor de Willie Mays, agregó que también se trataba de un estupendo infielder con velocidad por encima del promedio.
Los números dan fe de la opinión de los scouts de los Dodgers, como de las opiniones de LaSorda y Durocher. Nacido en 1914, durante las campañas de 1946 y 1947 en las Ligas Negras, García participó en los dos Juegos de Estrellas, bateó para .319 y .324, y dirigió a los Cubanos de Nueva York a las coronas de Liga Nacional Negra.
Aparte de sus ocho campañas en las Ligas Negras entre 1940 y 1947, García también jugó en su país, con incursiones en República Dominicana y en México, donde en la década de los 40 se congregó lo más selecto de la pelota negras estadounidense y del área del Caribe como Joshua Gibson, Buck Leonard, el cubano Martín DiHigo y el venezolano Vidal López entre otros.




