Tripleplay | La alineación ofensiva perfecta

Más que perfecta, sería preferible hablar de un orden al bate “ideal”. En realidad la ortodoxia no tiene cabida al momento de elaborar el orden ofensivo previo al juego de beisbol. Son varios los argumentos con los que el manager dispone antes de colocar los nombres en su tarjeta.


Una vez a Walter Alston, manager de los Dodgers durante veintitrés años entre 1954 y 1976, un periodista preguntó si no era excesivo el uso del toque de bola para embasarse, el correr y batear, el robo de bases, el toque de pelota para sacrificarse.

“Si contara con Henry Aaron en el medio de la alineación, no tendría que tocar la bola con tanta frecuencia”, respondió el estratega que ganó siete banderines de la Liga Nacional, en su mayoría con unos Dodgers apoyados en su velocidad entre las almohadillas, y el fabuloso pitcheo encabezado por Sandy Koufax y Don Drysdale, más el respaldo de una ofensiva que a ratos resultaba precaria.

Quizás el consenso más arraigado para definir la fila ofensiva “ideal”, es aquella que exhiba el máximo equilibrio entre los nueve bateadores alineados. Un balance que siempre partirá del material humano disponible.

Como decía Alston, ¿qué se puede hacer si no cuentas con el explosivo bate de Aaron en medio de la alineación?

Hoy diríamos, si no dispones del poder de fuego de un Miguel Cabrera o de un Albert Pujols. Incluso, factores como las características del pitcher contrario, zurdo o derecho, o las del parque donde se vaya a realizar el encuentro, la distancia desde el home a donde se hallan los tres jardines, influyen en cómo estructuras la alineación abridora del equipo del primero al noveno turno.

Whitey Herzog, quien llevó a los Cardenales de San Luis a ganar tres gallardetes en la Liga Nacional y una de tres Series Mundiales en los años 80, fabricó una alineación a partir de velocidad y líneas entre dos, porque el parque de San Luis tenía dimensiones muy extensas que obstaculizaban y minimizaban la producción de jonrones.

No tenía sentido procurar bateadores de poder como Aaron, Cabrera o Pujols.

Podríamos concluir, que estos y otros criterios son tomados en cuenta desde los albores del beisbol, aunque hoy hay uno que los trastocó considerablemente: el bateador designado por el pitcher


No es lo mismo fabricar el orden ofensivo para un encuentro de la Liga Americana donde existe el designado, que construirlo en la Liga Nacional donde el pitcher aún batea y habitualmente en el último turno. Pero más allá de la regla vigente desde 1973, los principios son los mismos citados antes.

Primero y segundo bate deben estar en circulación

Así que intentaremos ofrecer una visión de ese orden “ideal” que no es tal, describiendo cada turno a partir de lo aprendido en todos estos años de oficio periodístico, a través de las opiniones recogidas entre managers, entrenadores de bateo y peloteros activos.

El primer bate del equipo debe contar un alto promedio de veces en base. Debe ser un buen bateador, aunque no necesariamente con poder. Debe ser rápido y disponer de otras maneras de estar en base.

El segundo al turnfo requiere de un bate controlado para la jugada de correr y batear, conectar la bola detrás del corredor y sacrificarse. Asimismo, halar la bola.

Por ello se prefiera a un zurdo que lleve la pelota hacia el jardín derecho y permita al corredor llegar a la antesala para anotar luego con un imparable o un sacrificio.

El corazón de la ofensiva

El tercero, el cuarto y el quinto, suelen ser bateadores de fuerza, con un zurdo preferiblemente de tercero que además sea un corredor rápido. Razón por la que se estima, que el tercero es el bateador más completo del equipo porque ofrece altos promedios como fuerza e impulsa carreras. Por lo general, tercero era Aaron y han sido Cabrera y Pujols.

Parte baja de la alineación

El séptimo, octavo y noveno cargan con el estigma de ser los más débiles. El bateador designado alteró esa creencia. Se acostumbra colocar en el noveno a un bateador de las características del primero, de modo que combinen su habilidad y velocidad. El lanzador prosigue confinado al noveno como generalmente sucede en la Liga Nacional.

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