Camiseta 10 | ¿Y a mí qué me importa la Copa?

Dos aficionados, sentados a la vera de una mesa de un cafetín caraqueño, hablaban de la Copa América. Uno de ellos elogiaba las virtudes del fútbol, “el salvador de la especie humana”, decía en el colmo de su entusiasmo, mientras el otro, guardando sus energías y su rabia, hacía intentos desesperados para no responderle.

“En la Copa se ve el talento de esos jugadores; ¿tú sabes lo que es poder disfrutar de Neymar, de Messi, de Almirón, de Cuadrado?”, continuó con su ferviente perorata el eufórico señor.

El compañero tertuliano, hasta entonces tragándose la palabras para no acabar con la amistad, no soportó más aquel catálogo de odas para el torneo americano, y con una explosión de volcán y en el mismo momento en que se levantaba de la mesa, gritó: “¿Y a mí qué me importa la Copa? Ya eliminaron a la Vinotinto, y sin Venezuela esa vaina no vale nada”.

En realidad no sabemos si este encuentro sucedió o es solo una travesura de la imaginación, pero sí tipifica un sentimiento nacional luego de la salida del seleccionado venezolano a manos de Perú. La Vinotinto, más que un equipo de fútbol es un sentimiento nacional y un sentido de pertenencia, y para la gente era impensable verlo caer como cayó en un torneo de cierta manera sencillo, pues en él ocho de diez equipos accedían a la ronda de cuartos de final.

Acosada por la pandemia y los desmanes de algunos miembros de la delegación en los días de concentración en un hotel de Caracas, Venezuela acudió a la Copa diezmada, venida a menos; sin embargo, y más allá de atenuantes, los resultados desnudaron tanta apología, algunas veces desmedida, de los medios de comunicación.

La Vinotinto, por mucho que se diga, por muchos jugadores que se jueguen la piel en el exterior, sigue donde la dejamos: se ha avanzado, cómo no, pero los demás también lo han hecho.

Por eso el señor del cafetín, el explosivo y a quien ya no le interesa la Copa América, tiene razón: para un verdadero seguidor del seleccionado nacional la Copa es solo un programa de televisión, sin ninguna trascendencia. Es ahora, como decía Jorge Luis Borges, un montón de jugadores detrás de una pelota: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”.

En Venezuela la gente se comienza a preguntar por el fracaso y lo que está escondido detrás del cortinaje del escenario. No obstante, algo positivo quedó: el fútbol nacional la importa a la gente. Y volver a comenzar, partiendo de ahí, no estaría mal.

El basket y cierto olvido

Desde hace algún tiempo, los jugadores del baloncesto han tenido un motivo para quejarse. Lo hacen, aunque no hay en ellos resentimiento sino un cierto dolor: “El fútbol no gana nada y lo toman muy en cuenta. Y nosotros, que hasta campeones de América somos, hemos estado un poco olvidados. Nosotros también somos Vinotinto”.

Quizás hayan influido las transmisiones internacionales en las que se involucra Venezuela, pero los muchachos de las cestas alzan su voz y se sienten con razón.

Luego de los fracasos del voleibol de playa, del beisbol y del fútbol, solo quedan ellos como deporte de conjunto y salvadores del gentilicio.

EN TIPS

  • Eurocopa. Aunque la gente la observa con interés y se liga la victoria a una u otra selección, es un seguimiento sin aquel calor propio de la Copa América.
  • Bolivia. El equipo verde del altiplano acompañó a Venezuela como los dos equipos borrados del torneo. Y son ellos dos los ocupantes de los últimos lugares en el Premundial Suramericano.
  • Ambición. Existe un proyecto para que la Copa sea de verdad de todo el continente, con partidos simultáneos, como en la Euro, en varias ciudades a la vez.
  • Vinotinto. Tras los resultados en Brasil, el seleccionado nacional tendrá que revisar quienes serán los jugadores verdaderamente competitivos para asumir la clasificación al Mundial de Catar.

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