Los árabes no comen cuento

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

¿Usted cree que no hay discusión? El mejor fútbol se lo reparten los cinco grandes circuitos del fútbol europeo. En algunas temporadas, España es la más granada, en otras prevalece Inglaterra. Hay aficionados que mantienen su fe en la liga de Italia, pero algún fervoroso alemán que dice que no, que es en la Bundesliga donde se juega el mejor fútbol.

Sin embargo, aún queda quien reclame y diga que es en Francia donde está la crema. Y así, mientras pasan los días y en cada esquina se enciende la polémica, sigue sin haber una conclusión. Cada quien defiende su parcela, porque también entran en la cancha los sentimientos nacionalistas.

Sí, cinco campeonatos que arropan a los medios de comunicación, y que miran de soslayo a las de Brasil, México y Argentina: ¿ellas no califican para pertenecer al marco de honor?…
Entonces, entran en carrera los árabes con su Liga Profesional Saudí y distorsionan todo el sagrado mercado europeo.

A punta de billetes, que es también una manera nada sutil de “piratear”, salpican su liga con los Cristiano Ronaldo, los Karim Benzema, los Sadio Mané, y últimamente con las piruetas y sortilegios de los Neymar. Desde Riad se oyen voces arrogantes que aseguran que el fútbol nuevo anda por aquellos confines, y que no habrá manera de contener su caudal de dinero y agallas.

Y, además, que ellos aún no se han detenido; siguen apuntando sus cañones hacia blancos apetecidos por las “cinco grandes” europeas, especialmente hacia el fútbol inglés. En aquellos países, como si hubieran visto monstruos medievales saltando las murallas del castillo, tiemblan ante una situación que nunca previeron.

Ahora tratan de buscar una forma legal que impida que sus astros continúen siguiendo el rastro y el perfume maravilloso de los euros. Agárrense, dicen desde Arabia Saudita, porque ahora comienza a andar la sexta liga del mundo.

El fútbol recuerda ahora que no es la primera vez que atraviesa por una situación de peligro inminente. A fines de los años 40, comienzos de los 50, aconteció el “robo” que cometió el Millonarios colombiano al River Plate de Buenos Aires. Por entonces arrastró en su vorágine a jugadores de alto fútbol, con el gran Alfredo Di Stéfano como bandera.

En aquellos lejanos días se consideró la negociación como fraudulenta, escandalosa, a diferencia de la actual en la que los árabes han puesto sobre la mesa y en cuentas bancarias de los jugadores cantidades incontables hasta para los futbolistas, ya millonarios antes de este nuevo huracán vestido con la hiyab y la abaya y con rostro de balón, con el petróleo y la plata como estandartes. Los árabes, pues, no comen cuento.

Nos vemos por ahí.

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