miércoles, agosto 17, 2022
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Tripleplay | Pete Rose con todo en contra

Pete Rose estaba y no estaba en el campamento primaveral de los Rojos de Cincinnati, previos a la temporada de 1963. Para empezar, su incertidumbre se hallaba acentuada por no estar en el róster oficial del equipo.

Su nombre ni siquiera se encontraba en los libros entregados a los periodistas para su información necesaria de la cobertura de los entrenamientos. Acumulaba tres años de experiencia en las ligas menores, y en las dos últimas exhibía promedios ofensivos de .331 y .330 puntos, pero no había ido más allá de clase A, y estaba próximo a cumplir los 22 años de edad.

Aparte, su hoja de servicios se encontraba plagada de una serie de “peros”, que terminaban de empeorar la imagen indispensable que necesita quien aspire llegar a las ligas mayores.

Rose no mostraba la velocidad exigida a quien juega en el infield, sus manos eran calificadas de “duras”, y su brazo carecía de seguridad y poder, al punto de cometer 83 errores en sus tres campañas previas. Su bate no era nada poderoso. Apenas sumaba 12 vuelacercas en 1345 turnos al bate.

Entretanto, el cuadro interior de los Rojos, no era precisamente el punto débil de un conjunto que acababa de ganar 191 desafíos en las dos temporadas anteriores, incluida una corona en la Liga Nacional sin descender de la tercera casilla. Allí estaban, en una combinación de experiencia y juventud, el camarero Don Blasingame, el torpedero Eddie Kasko, el infielder cubano Leo Cárdenas, su compatriota Chico Ruiz, Tommy Harper y el veterano Gene Freese.

Su condición era como “invitado”, lo que no era precisamente una garantía, pero el manager Fred Hutchinson no se dejó convencer por todos esos argumentos en contra. Y cuando el 8 de  abril los Rojos abrieron la temporada, en casa frente a los Piratas de Pittsburgh, Rose estaba en la alineación original como camarero y segundo en el orden ofensivo.

No dio imparables pero participó en tres dobles matanzas y tuvo cuatro asistencias y tres outs, mientras Cincinnati ganaba 5 a 2. Luego, participó en 157 de los 162 encuentros del equipo, bateó para .273 y fue elegido Novato del Año de la Liga Nacional.

Cuando 24 años después en 1986, Rose concluyó su andar por las mayores, había dado 4256 imparables, la cantidad más elevada de todos los tiempos. Solo él y Ty Cobb con 4189, acumulan 4 mil o más incogibles.

El bateador ambidiestro tenía un promedio ofensivo de .303, y asimismo era el primero con 3562 encuentros y 14053 turnos al bate. Había ganado tres títulos de bateo, participado en 17 Juegos de Estrellas, y sumaba diez temporadas con 200 o más hits, máxima cantidad vitalicia que comparte con el japonés Ichiro Suzuki.

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