miércoles, agosto 17, 2022
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Tripleplay | Un primer juego “inesperado”

Tal vez estaba planificado con anticipación. Como ocurre desde hace algún tiempo, cuando el calendario de la temporada de las grandes ligas ya está elaborado, por dos o tres años. Sin embargo, el juego inaugural de la campaña de 1956 en el estadio Comiskey en la ciudad de Chicago, parece una de esas películas como “El campo de los sueños”, protagonizada por Kevin Costner y James Earl Jones. Ciertamente fue un encuentro más, cuyo atractivo principal era que se trataba del primero del año. Tampoco contó con hechos sorprendentes más allá de lo que puede ocurrir normalmente dentro del terreno. Pero sí. Fue un desafío especial. Para los aficionados de los Medias Blancas, y ni hablar para los aficionados venezolanos.

Si a Costner y a Jones se les ocurre hacer una película, la hubiesen titulado, “Un cambio de guardia”, o “Ayer y hoy”, porque esa tarde del 17 de abril, en el campocorto del Chicago hizo su debut en las mayores Luis Aparicio, mientras en el shortstop de Cleveland se encontraba Alfonso Carrasquel, luego de haber sido el campocorto regular de los Medias Blancas durante las cinco temporadas anteriores. Quizás, ni Costner ni Jones, han podido imaginar un mejor escenario.

Desde su llegada a las grandes ligas en 1950, Carrasquel se instaló en el shortstop de los Medias Blancas, un lugar que había pertenecido a Luke Appling durante buena parte de los últimos veinte años. Carrasquel fue firmado originalmente por los Dodgers de Brooklyn en 1949, pero en octubre de ese año fue enviado a los Medias Blancas. Con Pee Wee Reese en el campocoroto de los Dodgers, no había oportunidad para el caraqueño de 24 años.

En sus seis campañas con los Medias Blancas, Carrasquel tomó parte en cuatro Juegos de Estrellas, y en 1951 se convirtió en el primer latinoamericano en actuar en el clásico, al comenzar por la Liga Americana. En la elección aventajó a Phil Rizzuto, de los Yanquis de Nueva York, que había sido el Más Valioso en 1950. También en 1951 estableció una marca para un torpedero de 297 lances sin cometer errores, en tres ocasiones fue el primero de la liga en promedios defensivos, una en dobleplays y otra en asistencias, mientras bateaba para .282, .264, .248, .279, .255 y .256.

Pero el 25 de octubre de 1955, los Medias Blancas estremecieron a la ciudad, al anunciar que Carrasquel fue cambiado a los Indios por el jardinero Larry Doby. Cuando los periodistas sorprendidos preguntaron por qué salían del mejor torpedero de la liga, el gerente general Frank Lane respondió, “Sí, es que tenemos a uno mejor, Luis Aparicio.” Con 21 años, tenía dos años creciendo en las granjas de los Medias Blancas.

Un comienzo perfecto en las paradas cortas de Chicago

Para que no hubiese dudas sobre lo dicho por Lane, ese día de su estreno en las ligas mayores, el manager Marty Marion colocó a Aparicio en el campocorto y sexto bateador de los Medias Blancas.

De su lado, el manager Al López puso a Carrasquel en el campocorto y en el sexto turno ofensivo de los Indios. Los fotógrafos no hallaban qué hacer con la novedad.

Vaya uno a saber, sin antes o después en las memorias de la grandes ligas, se dio un acontecimiento similar. El encuentro no había comenzado, y las gráficas uno al lado del otro, al siguiente día ilustraron los periódicos, pese al duelo de lanzadores de Billy Pierce por los Medias Blancas y Bob Lemon por los Indios. Chicago triunfó 2 a 1.

En jornada perfecta para los recién llegados, Aparicio debutó con tres outs y una asistencia, y un sencillo en tres turnos al bate. Carrasquel fabricó tres asistencias, hizo un out, y ligó un sencillo en tres visitas al home.

De allí al Salón de la Fama

Luis Aparicio fue elegido “Novato del Año” al culminar con un promedio al bate de .262 puntos, en 152 de los 154 partidos de su equipo, entretanto era el líder de liga con 21 bases robadas. Fue la primera de sus 18 temporadas, y su primera zancada al Salón de la Fama de las mayores en 1984.

El comienzo del fin

Para Alfonso Carrasquel fue el primero de sus últimos cuatro años en las ligas mayores. El fin de un trayecto de diez años que culminó en 1959, con paradas en los Atléticos de Kansas City y los Orioles de Baltimore. Aún solo contaba con 33 años de edad. Nunca apareció en menos de 100 juegos.

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