viernes, marzo 1, 2024
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Barsa, y la generación “Pop Star”

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Hace algunos años, un amigo futbolero nos decía, convencido, que los mundiales de fútbol del futuro iba a ser para jugadores de diecinueve años de edad. Que era tal la velocidad, el vértigo inhumano que los muchachos de esa edad le iban a imprimir al juego, que los hombres de veinticinco en adelante, exhaustos, sin aires en los pulmones, no iban a poder aguantar. Y mirando hacia el pasado más o menos reciente recordamos aquella voz del amigo.

Bueno, si hoy se le ocurre mirar un juego del Barcelona podrá corregir cuando vea a Marc Guiu hacer travesuras en una cancha de España, en la que para coronar su intrepidez marcó un gol a los treinta y tres segundos de entrar en juego ante el Athlétic de Bilbao. El chamo, nacido en Granollers, Cataluña, un “loquito” suelto emergido de la llamada Masía y que apenas gana sesenta mil euros al año, ha rociado de sangre nueva al club blaugrana, aunque atención, no es él el único: hay por ahí otros muchachos de la llamada generación “Pop Star”, ese sobrenombre que gracias a su tierna edad ha sido tomado de la música y la manera de ser y andar contemporáneas…

Y decíamos Masía porque hay versiones que dicen que esta ya no existe, sino que es solo una idea tomada de un pasado lejano. Sin detenernos en ello, podemos hablar ahora de la juventud que atesora Lamine Yamal, a quien el fútbol ha tomado cuando aún no se ha desprendido del todo de sus juegos adolescentes; dieciséis años de edad lo integran a ese trío en del que también forma para Gavi, a sus diecinueve.

Los jugadores hoy maduran rápidamente, porque así los obliga la competencia feroz en sus propios equipos: si no te apuras llegará otro, tan joven o más que tú a quitarte el lugar y a desbaratarte tus ilusiones. De seguir las cosas así, entonces la predicción de aquel viejo amigo se cumplirá solo a medias, porque podríamos ver en un futuro cercano mundiales no solo de diecinueve, sino de diecisiete. Y habría que pensar en los torneos Sub20, porque ¿qué será de ellos, lo jugarían imberbes de quince y los Sub 17 niños de trece? Vaya previsión atrevida: ¿no creen que ya hemos ido demasiado lejos?…

Todo este panorama habla claro del fútbol no solo visto como deporte, sino como fútbol-empresa. Y más que intenciones de algunos, es intrínseco a los días que corren. No hay manera que se le vea de otra forma, porque si no habría que regresar a los tiempos primitivos del amateurismo. La adolescencia no es solo para deleitarse viendo mensajes intrascendentes en los teléfonos celulares; es también para marcar goles y hacer del juego una fiesta, así se tengan tan pocos años de haber nacido.

Nos vemos por ahí.

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