viernes, julio 19, 2024

Desastre en el frente

El título no reseña una batalla perdedora en alguna plaza ni es un parte de la guerra Rusia-Ucrania. Es en realidad una metáfora para conversar acerca de uno de las más desastrosas actuaciones que se recuerde de equipos venezolanos en los torneos internacionales que se organizan en Suramérica.

La goleada escandalosa del Palestino, camiseta distante de lo más granado del fútbol chileno, al Estudiantes de Mérida el pasado jueves en suelo andino, ha sido la representación más reciente, descarnada y dolorosa del incontestable desastre. Catorce derrotas, sin una sola victoria en dieciséis partidos, hablan claro; solo dos empates conseguidos en Maturín por el Monagas salvan el “blanqueo”, para decirlo en un término puramente beisbolístico, al fútbol del país en la puesta en escena de la región…

Así es. Para desgranar lo que ha sido la debacle, veamos los números: en la Copa Libertadores, Metropolitanos ha disputado cuatro partidos, con cuatro caídas, 4 y 9 en el renglón de goles. Monagas, que ha dado pequeñas señales de salvación, ha perdidos dos de cuatro, con 2-4 a favor y en contra.

Es decir, y sumando, 6-13 en marcados y recibidos con dos puntos de 24. Pero esto es poco en relación con lo visto en la Suramericana, una pieza en la que Puerto Cabello suma cuatro derrotas en cuatro partidos, sin goles a favor y nueve en sus redes, y Estudiantes de Mérida, con la misma cantidad de juegos, con 2-13 en el balance.

O sea, sin puntos de 24, y 2-22 en la relación de goles. Totalicemos: 16 partidos, sin victorias, dos empates, 14 derrotas, 8 goles a favor, 35 en contra, dos de 48 puntos.

¿Existirá forma de defender este cataclismo futbolístico? Y no hablemos de porcentajes, porque no habrá números rescatables que puedan levantar los ánimos a una afición que da la espalda a tamañas decepciones…


José Hernández, técnico y teórico de fútbol, lo ha dicho con énfasis: ya se conocen los males, pero poco se aporta para procurar los remedios. Siempre hemos creído, en los tantos años que tenemos siguiendo el fútbol nacional, que remar en contra y sin viento a favor cuando el río trae su inmenso caudal, es una empresa demasiado brava.

Y ese río, esa caída de agua tan impresionante, es la ausencia de raíces. Por razones históricas, vinculadas estrechamente con las económicas, el fútbol fue desplazado en sus inicios por el beisbol, condiciones que, pasado más de un siglo, se mantienen.

El fútbol, hablemos claro, gusta porque gusta y llega al alma popular la Vinotinto, pero no los equipos. No está en sus venas y no sabemos si algún día este paisaje cambiará.

Nos vemos por ahí.

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