viernes, marzo 1, 2024
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El estadio para el fútbol

Las multitudes en el estadio Monumental para presenciar los juegos de beisbol, especialmente los dos recientes Magallanes-Caracas, actúan como una metáfora.

La construcción de ese parque, su funcionamiento y amabilidad para la gente desvía la mirada a un lado para imaginar un estadio de parecida magnitud para el fútbol nacional.

Desde que se construyeron los recintos para la Copa América de 2007 se ha venido pensando en esa posibilidad, que día a día y hasta este momento sigue siendo un sueño, que como buen sueño, no se ha realizado.

Entonces se reformó el Olímpico (¿cuándo le pondrán el nombre de Luis Mendoza?), pero para cambiar lo que ya no se puede cambiar. Fue concebido bajo los parámetros de la ingeniería y la arquitectura de los años 40-50, una era que ya vemos como un tiempo remoto. Ahora son otros los conceptos, técnicos y deportivos, y en medio de esa premisa se han de manejar las cosas pendientes…

El fútbol venezolano, hay que decirlo, atrae poco. Se creía que con los sucesos de la Vinotinto tal cosa podría cambiar, pero ya vivimos las experiencias de los ciclos de Richard Páez y César Farías, cuando no obstante los éxitos de la selección, estos no llevaron entusiasmo de los aficionados hacia el día a día del campeonato local.

Aún es temprano para saber si las victorias actuales ante Paraguay y Chile y el empate ante Brasil van a hacer crecer el fervor y la asistencia a los estadios, y por eso habrá que esperar. Seguramente la llegada al Mundial de Canadá-Estados Unidos-México podría ser la catapulta definitiva, el movimiento de la espoleta que haga estallar la granada de los venezolanos y su verdadera vocación hacia el fútbol del país…

Como quiera que sea, las aspiraciones siguen ahí, vivas en el espíritu de jugadores, técnicos, periodistas y aficionados, así tal ambición pueda ser vista como la utopía mayor.

El estadio Monumental llevó años, sacrificio, inversiones y dedicación hasta llegar a lo que es hoy día. Ha sido una transformación, tipificada en los veintiún mil que podían llenar a reventar el Universitario, hasta los más de treinta mil de los Magallanes-Caracas.

Gentes que habían dejado de entrar o que nunca se habían acercado al Universitario ahora se atreven, y con el mayor gusto, ir a la pelota. No lo sabemos, pero esta nueva savia en las venas podría ser un contagio para los del fútbol, que en la mayoría de los casos son los mismos del beisbol. Por eso, más de treinta mil dibujan una metáfora. El sentido figurado de un sueño que sigue latente en los que aman, y amamos, el fútbol nuestro de cada día.

Nos vemos por ahí.

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