viernes, marzo 1, 2024
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Subestimados, pero buenos buenos

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Alvaro Djaló surgió desde las sombras del partido, y colándose entre el océano de zagueros del Real Madrid marcó un gol que metió al Sporting Braga en el partido y dio un motivo para festejar en las gradas del estadio portugués.

Perdió su equipo en el fragor de la Champions League, pero su actuación, coronada con su acción en el arco español nos dio un motivo para escribir esta nota. ¿Usted había oído hablar de él?

Djaló, jugador de poca nombradía, es integrante del ejército de los subestimados, aquellos futbolistas que por más que hagan, por más agallas que desparramen en los campos de juego siempre habrá otros, algunas veces no tan buenos como ellos, que se llevan las glorias y la adoración de medios de comunicación y de las aficiones.

Estos alzan los brazos y piden vítores a la muchedumbre, aquellos miran y ríen queriendo estar sin poder estar en los lugares sagrados de la idolatría.

Traigamos a Nacho, zaguero central del Real Madrid. Siempre es llamado en emergencias, cuando falta alguien, pero Nacho jamás decepciona; es una pared para contener todas las intentonas de sus enemigos. Aún así, rara vez es alineado como titular; todas las palmas eran antes para Cristiano Ronaldo o Karim Benzema y hoy para Jude Bellingham, Vinicius o Rodrygo; nunca para él.

Cosa parecida sucede en la selección francesa, donde entre llamaradas deslumbra Kylian Mbappé. El cuadro galo va por sus adversarios, gana aquí y allá y pocos reparan en que el empuje arranca desde la trinchera de Theo Hernández en la línea defensiva.

Y mientras en el Atlético de Madrid la gente se ocupa de Antoine Griezmann y se deleita con sus evoluciones y sus goles de finura, Koke solo es admirado solo cuando se mata para entregarle balones para el lucimiento al atacante.

Y ahora, ¿qué decir del Barcelona? Por años y años Lionel Messi se llevó las palmas victoriosas, mientras Andrés Iniesta y Xavi Hernández, especialmente este último, ponían los ladrillos para que el astro construyera el edificio y se llevara el trofeo.

Cuántas jugadas extraordinarias, cuántos desordenes creados entre las filas adversarias por estos jugadores de alto fútbol, aunque casi nunca fue para ellos el pedestal de bronce en la plaza de los héroes.

Estos ejemplos valen para reafirmar que los futbolistas subestimados son también valiosos para sus equipos. El fútbol no es más que una organización social con sus peldaños y sus jerarquías, pues responde a la naturaleza de sus hombres.

Siempre habrá el director musical y luego vendrán los músicos, cada uno con sus instrumentos y dispuestos a dar sus notas y todo de sí; son ellos aquellos jugadores a veces vistos con disimulado soslayo pero que sin ellos el fútbol no podría vivir. Estas líneas se ocupan de esos muchachos. De los Djaló, de los Nacho, los Hernández, los Koke, los Iniesta, los Hernández. Cuánta injusticia hay.

Los hechizos de “El Brujo”

Pocos sabrán que su nombre es José Andrés Martínez, porque el fútbol le acomodó el apodo de “El Brujo”. En el terreno su costumbre es desdoblarse, brindarse generoso para la selección Vinotinto y para sus compañeros.

No obstante, pocas veces hemos visto su nombre entre los grandes; casi siempre Yeferson Soteldo o Salomón Rondón atraen elogios, porque el fútbol es así: solo los goleadores roban miradas.

Hecho para el sacrificio, este zuliano, que dice que el sobrenombre de hechicero le viene desde sus primeros pasos, marchó a Estados Unidos y allá alegra el devenir de su vida en el Philadelphia Union.

En el norte piensa en la búsqueda del Mundial con el equipo nacional, y trata de recordar porqué le dicen brujo: ¿no será quizá por esa capacidad de contener al adversario y salir creando fútbol, tal cual como lo hubiera hecho un encantador?

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