Pues, sí. Los despachos internacionales nos hablaron en días recientes de goles con pinta venezolana. Porque no solo fue Salomón Rondón con el River Plate, sino que se unieron triunfales Josep Martínez con el Miami International, y Yeferson Soteldo y Tomás Rincón con el Santos. Todo un carnaval de logros que no suelen ser muy comunes en jugadores venezolanos, que además de incendiar las redes adversarias, encerró también un significado de cierta trascendencia.
Goles son goles y también son amores, como dicen los españoles, y no hay que valorarlos según el equipo y la liga donde se hayan conseguido; lo que hay que resaltar es que podrían ser el preludio de algo inédito. Y ese “algo inédito” es mejor que lo imagine cada quién, cada lector, porque decirlo ahora sería jugar al aventurero, al temerario y no queremos exponernos a caer en las trampas que suele propiciar el fútbol nuestro de cada día…
Brasil y Chile aguardan es las próximas esquinas. Hemos comentado con los amigos futboleros que independientemente del resultado ante los brasileros, el partido a ganar la Vinotinto, casi decisivamente, es ante los chilenos. Venezuela, pensamos, tendrá la obligación de vencer en siete de nueve partidos en casa (no tomamos en cuenta en este juicio a Brasil y Argentina por razones obvias) para llegar a 21 puntos. Con este conteo sólo habrá que vencer una vez o acumular dos o tres empates en la autopista para llegar al cielo mundialista.
Hasta ahora todo va como tiene que ir en el plan: derrota en Barranquilla ante Colombia, victoria en Maturín, con los cinturones apretados, frente a Paraguay. Así pues, a esperar para conocer si los ángeles del fútbol siguen acompañando a la Vinotinto…
El silencio de la calle nos catapulta hasta el pensamiento. Es mediodía, y el ir y venir de la gente se ha detenido.
¿Qué se han hecho todos? La computadora frente a nosotros también calla, y por la ventana miramos hacia el verdor del Ávila, hacia el infinito, hacia los edificios (“aranha ceus”, como los llaman en Río de Janeiro) porque a esta hora el cielo nos regala la claridad que se pierde cada tarde caraqueña con las incesantes lluvias de octubre.
Así pasa la vida en días de claroscuro, y en los campos abiertos de la ciudad muchachos inquietos juegan al fútbol y sueñan con llegar. ¿No fue así como se erigieron en grandes futbolistas aquellos que ocupan cada día nuestra atención? Volvemos a mirar y la ciudad sigue detenida. En el momento menos imaginado despertará con sus voceríos y sus vidas cotidianas.
Nos vemos por ahí.




