jueves, febrero 29, 2024
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Los forasteros tienen vida

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Las victorias del Dortmund en Milan, del Atlético de Madrid frente a Feyenoord en Países Bajos, el empate del Newcastle en París luchando con el París Saint-Germain como forasteros en los partidos de esta semana en la Champions League, desvirtúan la antigua leyenda suicida del visitante en el fútbol, especialmente cuando se enfrentaban los adversarios de cada ciudad. Hoy día ha cambiado hasta el comportamiento de árbitros y jugadores, antes temerosos ante las represalias de adversarios y afición, pues se sienten respaldados por modernas leyes y reglamentos protectores que suelen respetarse.

Era un temor generalizado, y en relación a ello se cuentan relatos y pretextos para no jugar que algunas veces llegan hasta lo anecdótico: jugadores lesionados en el camerino, equipos que no viajaron porque no consiguieron vuelos a la hora marcada, árbitros que atrapados por el miedos favorecieron al de casa para librarse de todo mal. Casi siempre era un acto de heroicidad vencer fuera de casa, tal era el tamaño de la conquista…

Ahora nos vienen a la mente los Boca Juniors-River Plate en la Bombonera de Buenos Aires, los Flamengo-Fluminense en el Maracaná de Río de Janeiro, Universidad de Chile-Colo Colo en el Monumental de Santiago, en los que los forasteros se despedían de amigos y familiares pues iban hacia un “holocausto” del que no sabían si iban a regresar. Tal vez no llegaran a tanto, pero la memoria, que suele ser traicionera y acomodar las cosas según la conveniencia de cada quién, así los recuerda y revive para pensar en los progresos humanos que se han ido consiguiendo con el paso del tiempo…

Sin el mismo ruido internacional, pero también con características de conflagración criolla, se han escenificados los Táchira-Caracas. Pasamos por episodios amargos, peligrosos, con características de caos, en partidos entre los dos antagonistas de fútbol nacional. Los vivimos en el estadio Olímpico, en el Brígido Iriarte, y cómo no, en el Pueblo Nuevo de San Cristóbal.

Con ciertas rémoras de un pasado geográfico que llevaba ancestrales matices de dominio político y rabia contenida, afloraron en su momento. Hoy, al menos con esas connotaciones ya no pasa, porque el predominio es solo fútbol y rivalidad venezolana. Bueno, hoy la vigilancia obligada de los organismos de cada caso y de cada país, el video, los delegados, es decir, las condiciones, han regulado aquellos brotes de violencia más cercanos a las fieras de la selva en procura de presas que al ser humano. Todo ha cambiado, hasta los desafueros del fútbol.

Nos vemos por ahí.

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