domingo, mayo 26, 2024
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Un punto valioso… ¿o no?

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Pasados los días de la caída paraguaya y del cataclismo chileno, se presentó Ecuador. Equipo rocoso, a veces de fútbol elemental y a la vez temerario, no dejó que afloraran las descubiertas virtudes de la selección Vinotinto.

Había un fiebre de triunfos, un delirio mundialista con el equipo nacional que no ha cesado. Vencer a los ecuatorianos era pan comido, se creía, pero no fue así. Un empate, un punto para cada país, y adelante esperan.

Entonces, hablemos del alcanzado por Venezuela: ¿Es un logro valioso, se ha sumado a la cuenta y la selección va por buen camino? Hemos puesto una interrogación en el titular porque esto depende de cómo se vea. Desde el comienzo del Premundial habíamos dicho, sacando cuentas a priori, que la Vinotinto debía ganar todos sus partidos en casa y arañar algo por ahí, por los caminos del continente, para asegurar su lugar en el Mundial.

Consiguió lo impensado ante Brasil en Cuiabá, y vaya que se cumplía el vaticinio.

No obstante, al ganar un punto ante Ecuador ha perdido dos. Esto lleva a una cavilación: de 27 posible, ahora serán 25. No está nada mal, caramba, porque siguen saliendo las cuentas. Está bien. Pero, ¿y las dudas? Lo conseguido, la manera de jugar y la planificación se mantienen, pero la igualada ha hecho sonar, así sea tibiamente, las trompetas del alerta. Empero, tal parece que no ha pasado nada. La carrera es de largo aliento, con dieciocho estaciones y solo van cinco. Y si nos ponemos a ver, un empate en tan extenuante recorrido puede ser, al final del largo camino, apenas un pequeño obstáculo. Y como dijera cierto poeta, “un verso perdido en un poema”.

Mirar hacia adelante sería provechoso. Ahora habrá que ir a Lima, mañana, para chocar con un Perú hecho pedazos. Ante Bolivia se vio perdido, sin GPS ni rumbo, dejando en la cuneta de los tiempos aquellos elogios del respeto por sus raíces incas, por defender a todo evento aquella manera de concebir el fútbol que ha levantado elogios y sonrisas.

Pero, mosca. No hay nada tan peligroso como una fiera herida. En Perú saben que Venezuela podría ser su último tren, que vencer a los venezolanos sería un aliento de vida. De fútbol a fútbol, no se ve en el horizonte una manera de que los peruanos tuercen el brazo a la Vinotinto, pero el fútbol, que es tan impredecible (¿quién iba a pesar, aparte de los uruguayos, que la celeste podría vencer a la invicta Argentina en Buenos Aires?), podría guardar bajo su manto que reaparezcan en el Perú el espíritu de Teófilo Cubillas y el seleccionado regrese a su era dorada.

Por un sendero o por otro, Venezuela, aunque sin mostrar grietas visibles, tendrá que cuidar sus espaldas. Caer en la capital de aquel imperio modificaría su actual status de selección casi invencible y habría que recomenzar el ciclo. Ecuador no fue una presa al alcance; Perú tampoco lo será. Cuidado pues.

Un delirio venezolano

Aunque poco abordado por la palabra escrita, huérfano de historias puestas en páginas, de igual forma el fútbol criollo alza su voz para decir que existe.

Y en “Delirio Vinotinto” consigue el eco de sus ganas de existir, de ser tomado en cuenta por la anhelante afición del país. Es una recopilación, llevada a un pormenorizado libro, en la que Javier González, Carlos Figueroa Ruiz y Eliécer Pérez Pérez volcaron sus afanes para dar fe del fútbol venezolano desde su nacimiento hasta hoy.

Porque aun con sus caídas, ha tenido también jornadas de lucidez, de victorias resonantes. A todo esto se ha sumado, y están reseñadas en el texto, los logros de la versión femenina conseguidos por las valerosas muchachas criollas. “Delirio Vinotinto” es, pues, una insoslayable referencia que mira hacia pasado, presente y porvenir de fútbol nuestro de cada día.

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