viernes, abril 12, 2024
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La Vinotinto sufrió un golpe anímico que complicó todo

Disfruten de una nueva entrega de "Visión de Juego" por Gerardo Blanco

Desde antes que comenzara el torneo se sabía que las posibilidad de clasificar a los Juegos Olímpicos de París de cualquier otra selección que no se llamasen Brasil o Argentina eran muy limitadas. Asistir a la máxima cita de la competencias multideportivas inventadas en la Grecia antigua, es más difícil que meterse en la fiesta cada vez más globalizada del Mundial de Fútbol. Por razones no solo futbolísticas, sino simplemente matemáticas ser olímpico es mucho más elitesco que ser mundialista.

Solo valga recordar que el Comité Olímpico Internacional apenas otorga dos cupos para las selecciones de la Conmebol, mientras que la FIFA ha ido expandiendo el número de participantes y para el Mundial tripartito de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá, Suramérica contará con seis cupos directos y un medio boleto para el repechaje internacional. Es más fácil entrar que quedarse fuera.

El hecho de ser anfitrión del torneo, figurar en un grupo más accesible y contar con un grupo de jugadores con experiencia internacional, mundialista y minutos en el fútbol venezolano, así como el trabajo planificado que ha venido realizado el cuerpo técnico comandado por Ricardo Valiño, alimentaron la ilusión de que era factible, al menos, que Venezuela avanzara al cuadrangular final en compañía de la siempre poderosa Brasil.

Pero la realidad del fútbol suramericano se ha puesto de nuevo de manifiesto. Bolivia también está imbuida en un proceso de renovación y no vino de paseo al campeonato.

Aunque quedó eliminada, tras la derrota 2-0 sufrida el viernes ante Ecuador, exhibió orden en todas sus líneas, trabajo táctico para controlar el juego y establecer el ritmo al que debía jugarse, y solo le faltó, como de costumbre, un delantero voraz, letal, que liquidara en el área para cambiar su suerte en el torneo.

Ecuador está demostrando que es uno de los países de la región que mejor trabaja en las categorías menores. La nueva camada de futbolistas meridionales, encabezada por la magistral zurda de Yaimar Medina y secundada por la fuerza de John Mercado, tienen al equipo meridional invicto y con medio pie en la segunda ronda del campeonato. Jugadores potentes, espigados con una mezcla envidiable de técnica y poderío físico han venido cambiando el fútbol ecuatorianos cuyos equipos son protagonistas en Copa Libertadores y Suramericana, y exporta sus talentos a las mejores ligas de Europa. Esta selección sub-23 es un ejemplo palpable de ese trabajo.

Si bien la clasificación a los Juegos Olímpicos sigue matemáticamente al alcance de la Vinotinto Sub-23, el hecho de haber empatado el primer juego contra Bolivia, luego de ir ganador por 3-1 y tener un hombre más en cancha. fue un golpe anímico muy duro de asimilar.

Buena parte de las esperanzas de la selección están puestas en la figura del juvenil David Martínez, a quien las recientes lesiones le han impedido exhibir a plenitud sus facultades de fino mediocampista con la zurda más educada del país, desde los días del gran Stalin Rivas.

La “Joya” del Monagas deambuló de un lado a otro en el duelo contra Bolivia, en el que apenas tuvo contacto con el balón, sin ninguna implicación en el control, fluidez y generación de situaciones de riesgo que se esperan siempre de su talento.

Derrotar mañana a Colombia y luego liquidar a Brasil ni siquiera asegura el boleto a la segunda fase, porque la Vinotinto dependerá de la combinación favorable de otros resultados y hasta del average de goles anotados y recibidos. Pero más allá de las estadísticas está el fútbol. Venezuela tiene que mostrar en estos dos juegos que puede sostener el balón con más criterio para imponer condiciones y hacer sentir su localía en el Brígido Iriarte.

Lacava, Segovia, Ortega y Rivas los rendimientos más sobresalientes

En los rendimientos individuales de la Vinotinto Sub-23 sobresalen tres nombres. Matías Lacava firmó una actuación de altísimo vuelo en el debut ante Bolivia. Se trata de uno de los jugadores más técnicos de su generación, formado en la escuela catalana de La Masía. La brutal entrada en el tobillo izquierdo que recibió contra los altiplánicos afectaron su posterior desempeño ante Ecuador.

También hay que destacar el desempeño de Telasco Segovia, un todocampista que clarifica el juego, lo saca de la espesura con su inteligencia para descifrar las acciones y resuelve con su elegancia para dar el pase preciso. En el mediocampo la otra figura resaltante es Bryant Ortega, quien ordena al equipo, recupera balones con más ubicación que fuerza y profundiza el ataque con su golpeo.

Renné Rivas ha sido muy sólido por la banda izquierda. Su ida y vuelta para defender y atacar con la misma eficacia es poco común en los laterales venezolanos. El defensa del Caracas FC tiene personalidad, pulmones y un botín educado para asociarse y definir.

Controlar el balón y saber administrar el resultado ha sido una falla repetida

En plan de autocrítica el técnico Ricardo Valiño señaló en el partido ante Bolivia que la selección tuvo muchas dificultades para controlar el balón y dar varios pases consecutivos.

La pelota pareciera que quema en los botines de los jugadores y hay una necesidad imperiosa de avanzar con pases verticales, sin esa pausa necesaria para meditar la jugada, amasarla con tranquilidad y cabeza fría para buscar el hombre libre. Cuando Venezuela ha encontrado la sapiencia de sus futbolistas más cerebrales para construir el juego, han aparecido las situaciones de riesgo y los goles.

Para tener posibilidades de superar a Colombia y Brasil, los chamos de Valiño tienen que apostar más por el fútbol cerebral de Telasco, Ortega y Martínez, si finalmente el mundialista sub-17 está en condiciones físicas y con fortaleza mental para enfrentar estos desafíos. Venezuela también ha fallado a la hora de administrar el marcador. Contra Bolivia remontó y se puso arriba 3-1, pero luego cedió la pelota. Lo mismo ocurrió ante Ecuador a la que entregó el balón en el segundo tiempo y terminó replegada en su propio terreno.

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