Cuando Lázaro Salazar caminaba por el terreno, especialmente al salir para reclamarle a los umpires, daba la impresión de que sí era un personaje de la realeza más encopetada.
Lo llamábamos “El Príncipe de Belén”, pero no era parte de ninguna familia Real, sólo que había nacido en La Habana Vieja, a un lado del Arco de Belén, en la Calle Acosta, esquina a Compostela, el cuatro de febrero de 1912.
Pero Lázaro pareció tomar muy en serio el cariñoso apodo, por lo que se esmeraba en vestir mejor que todos. En su época era comparado por su elegancia y pulcritud, solamente con otro pelotero, el lanzador negro Terry MacDuffi e, llamado “El Dandy”, justamente por los trajes de lujo y los maquillajes que usaba.
En sus años de pelotero, Lázaro fue lanzador zurdo, de tan alta calidad, que en todos los textos sobre la historia del beisbol en Cuba, se cita que los mejores peloteros cubanos han sido Martín Dihigo y Lázaro Salazar, quienes no pudieron jugar en Grandes Ligas por haber nacido muy temprano, antes de la integración racial.
Cuando Jackie Róbinson llegó a los Dodgers, en 1947, Lázaro ya había celebrado su cumpleaños 35 veces. Pero entre 1930 y 1948, jugó en la Liga Profesional Cubana con cinco equipos, para acumular record como lanzador de 35-24, 2.19; y al bate, consumió mil 822 turnos, conectó 533 hits, promedio de 293, cinco jonrones y 214 carreras remolcadas.
Además, se las ingenió para jugar también, en la Ligas Negras de Estados Unidos. Entre 1934 y 1936 vistió los uniformes de los Cuban Stars West y de los New York Cubans.
En la Liga Profesional de Maracaibo, Venezuela, jugó con el Gavilanes en 1938, 1939 y 1940. En 121 turnos, conectó 39 hits, promedio de .322, siete dobles, tres jonrones. Desde la lomita, 6-1, 5,89.
El dominicano estuvo en 1937, y ese mismo año, por primera vez, en México, país que vino a ser su segunda Patria. En su debut allá, con los Cafeteros de Córdoba, de una vez se hizo inolvidable, porque cooperó para ganar el título, con record como lanzador de 16-5 y líder al bate, sobre promedio de 374, más un espectacular robo de home.
Frente al Patón Carrasquel
Cuando inauguraron el estadio del Cerro, en La Habana, el 26 de octubre de 1946, Lázaro Salazar fue primera base y cuarto bate del Almendares, bajo la dirección de Adolfo Luque, y le ganaron al Cienfuegos, dirigido por Martín Dihigo, 9-1. Lázaro bateó de 4-2 y anotó dos carreras. Pitcher ganador, Jorge (Pancho) Comellas, perdedor, Alejandro (Patón) Carrasquel.
Lázaro Salazar murió el 25 de abril de 1957, en un hospital de Ciudad de México. La noche anterior había sufrido un derrame cerebral en el estadio del Seguro Social, mientras dirigía a los Sultanes frente a los Diablos Rojos.
El enorme prestigio del “Príncipe de Belén”
El prestigio del Lázaro pelotero, lo puso rápidamente en el mercado latinoamericano en la preferencia de numerosos equipos como candidato a ser mánager. Al anunciar su retiro, había más de un equipo que lo deseaba para dirigir.
Y la historia del Príncipe de Belén como mánager, es superior aún a la de pelotero. Lo han considerado el mejor del mundo de habla hispana en la historia.
“Lázaro Salazar es el mánager más brillante que he visto, incluyendo a los de las Ligas Mayores“, dijo en una entrevista, uno que bien sabía de las labores en el campo, Chuck Genovese.
De Lázaro han escrito en México opiniones como ésta de Tommy Morales: “Inspiraba respeto sólo con su presencia en el campo. Sus mayores hazañas, como pelotero y como mánager surgieron en los estadios mexicanos”.
Fue un mánager instructor, tanto, que Roy Campanella siempre le dio crédito como quien lo preparó para convertirse en cátcher estelar con los Dodgers. Campanella jugó con los Sultanes de Monterrey en 1942 y 1943, después de lo cual se estableció como el primer receptor del club de Brooklyn.
El mánager, Lázaro Salazar, ganó 14 títulos en cuatro países: en Cuba dos; México siete, Venezuela cuatro, y en Dominicana uno.
La diferencia entre pelotero y mánager, según Lázaro
“He disfrutado ciento por ciento al beisbol, tanto lanzando, como bateando, corriendo las bases y dirigiendo. Pero todo muy es diferente. En nada se parecen esas cuatro especialidades” me dijo Lázaro Salazar en una entrevista que le hice para “Últimas Noticias”, de Caracas, en 1949, cuando fue a Venezuela, para dirigir al Magallanes. Y agregó didáctico:
“Como pelotero, uno tiene la responsabilidad personal, única, de lo que debe hacerse a la defensiva y a la ofensiva sólo en tu posición. Pero, si eres el mánager, tienes que responder por cómo juegan los nueve de la alineación y cómo responde cada uno de los que están en el dugout y en el bullpén.
“Mientras fuí pelotero, comenzaba a preocuparme por cada juego, cuando iba a rumbo al estadio. Pero ahora, de mánager, son 24 horas al día que estoy dentro de la competencia. Sueño con los juegos, disfruto las victorias durante 24 hora y sufro las derrotas durante 24 horas.
“Además, vivo todas las jugadas como si las realizara yo”.
¿Y qué lo llena más, cuál de las dos actividades lo hace más feliz? “Igual fui feliz cuando era pelotero, que lo soy ahora como mánager. Lo que me gusta, me entusiasma, es estar en el estadio, en el terreno de juego y bajo la voz de play ball”




